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Técnicas

El esmaltado, independientemente de la técnica utilizada, implica siempre una estrecha unión entre el esmalte y el metal. Este último, que constituye el soporte, está totalmente recubierto en el caso del esmalte pintado, que se estudiará más adelante, y su presencia solo se manifiesta a través de su transparencia.
Las técnicas del campeado y del alveolado  permiten que el metal amplíe su función.  De simple soporte físico, pero oculto como la tela de una pintura, se convierte en un elemento visible y partícipe de la composición, igual que el color.

Esmalte  campeado

El metal normalmente utilizado es el cobre. La lámina necesaria, plana o modelada según el objeto a realizar, exige un espesor mínimo de dos milímetros. El dibujo, preparado previamente con el mayor cuidado, se traslada con una mina dura o una punta seca. El principio fundamental es poner el esmalte en huecos reservados para ello, por eso la fase esencial consiste en realizar dichos huecos.
El buril y el cincel están naturalmente diseñados para ello y, después de haber alcanzado una profundidad del orden del medio milímetro, la herramienta precisará los bordes cuya calidad es determinante en el futuro aspecto de la obra.

El artista también puede pintar con la ayuda de un barniz de betún las partes de metal que hay que reservar y sumergir la pieza en un baño de ácido, lo que permite reducir los huecos de amplia superficie. No obstante, la falta de precisión del « mordisco » requiere la intervención del cincel en lo que respecta a la talla de los bordes y los huecos de poca superficie.
Entonces, el esmalte en polvo húmedo se deposita con la espátula en las cavidades. La cantidad que hay que poner tiene que recubrir las partes de metal en relieve cuya función es, por lo general, separar colores diferentes. La operación se vuelve muy delicada en el caso de las nervaduras de poca amplitud (una décima de milímetro, por ejemplo), ya que no es bueno en el champlevé tradicional que un color se desborde sobre el color contiguo. 

Después de haberse enfriado, los excedentes de esmalte se eliminan con un lijado enérgico realizado con una piedra dura y agua. Así reaparecen las reservas de metal y unos abrasivos cada vez más finos terminan la operación.
En un champlevé clásico, se busca un aspecto perfectamente liso de la superficie. Este se obtiene frotando insistentemente la pieza con la ayuda de trípoli, por ejemplo.
En función de las exigencias de la maqueta, el cincel y el buril intervienen de nuevo en las partes aparentes de metal para cincelar, grabar, esculpir, muchos efectos que animarán la superficie y atraerán la luz. 
Desafortunadamente, el cobre no es inalterable, por eso es necesario proteger la pieza de la oxidación. Esto se consigue en la mayoría de los casos de dorado. Los mejores resultados son los que ofrece la galvanoplastia que permite bajo petición un depósito de oro de espesor y aspectos variables.

Esmalte alveolado

Parecido al campeado por el aspecto, el alveolado se asemeja a este, y el ojo poco experimentado los confunde a menudo por el hecho de que en las dos técnicas, el metal se puede ver en parte en la decoración de la pieza. 
Los detalles que los distinguen dependen de la forma en que se realizan los huecos:

- El campeado  extirpa una parte del metal.  
- El alveolado la añade.

El dibujo se lleva a la lámina como en la técnica anterior. Después, una fina lámina de cobre, oro o plata se trabaja con un plegado con pinza hasta adaptar perfectamente el arabesco del trazo. Estas separaciones se pueden fijar en el soporte de dos formas diferentes:

- en el cobre desnudo y con soldadura de plata.
- sobre el cobre previamente cubierto con fondant, es decir, recubierto con una fina capa de esmalte incoloro.

Entonces se colocan con colaje de tragacanto. Una cocción ligera (inicio de fusión del esmalte) les asegura una adherencia suficiente.
El espesor de las láminas varía según el gusto del esmaltador: laminado, martilleo, estirado permiten así atenuar el efecto vermicular que produciría usar separaciones de espesor uniforme. 
Cuando se ponen los colores, se requiere una gran minuciosidad por razones similares a las del champlevé, cada separación debe dividir netamente dos tonos que se entremezclan.   
El proceso es entonces similar: cocciones, lijados sucesivos, dorado eventual porque la escasa cantidad de metal permite usar metales nobles y, por tanto, inalterables como algunas aleaciones de plata y oro.
El principio de la separación implica un dibujo muy lineal, lo que permite distinguirlo del champlevé en el cual las reservas de metal presentan formas mucho más libres.  Por el contrario, las cavidades relativamente profundas (de 1 a 2 milímetros) se obtienen de forma más fácil: esto permite utilizar según la parte el làminas de oro o de plata, por tanto, metales translúcidos, al contrario que el campeado donde dominan los esmaltes opacos.
El trabajo de la decoración, su fijación, la colocación del esmalte exigen mucho tiempo para su ejecución y la separación, debido a esto, no es nada fácil en los formatos grandes. Sin embargo, es el servidor incuestionable de una determinada orfebrería llena de delicadez e intimidad. 

Los esmaltes pintados : técnica utilizada por Jean-Paul BOUCHAREL  (Esmaltador de Limoges)

Esmaltes translúcidos

Preparación de la lámina :

se parte de una lámina de cobre de 3 a 5/10 de milímetro que está abombada con ágata o golpeada con martillo para suavizar el cobre. 
Esta operación absolutamente indispensable hace que las láminas queden abombadas. En efecto, una lámina poco espesa que va a sufrir de diez a veinte cocciones a ochocientos grados corre el riesgo de deformarse a lo largo de la fabricación. De ahí el martilleo que suaviza el cobre y le da a las láminas ese aspecto abombado.
Esta lámina se desoxida después con la ayuda de ácidos para dejar un cobre rigurosamente limpio y sin grasa. Luego se espolvorea en seco una fina capa de esmalte llamada fondant (operación hecha con un tamiz). Esta lámina se mete en el horno hasta que el esmalte se cristaliza y se adhiere a la lámina (de tres a cuatro minutos a 900 grados).
Se repite la misma operación para recargar la lámina (se puede entonces pasar a más de 1000 grados). En ese caso, es el conjunto "esmalte-cobre" el que sufre esta temperatura y el esmalte protege el cobre. A la salida del horno, las láminas son fácilmente moldeables y se pueden corregir en un mármol.

Dibujo - Trazado

En la lámina así preparada se puede:
- pintar totalmente con pincel con la ayuda de algunos colores vitrificables el motivo que se quiere interpretar.
- o recubrir la pieza con una hoja de papel de plata (llamada paillon) previamente arrugada (debido a la dilatación) y perforada (para que las burbujas de aire puedan salir). Obviamente, este paillon se mete en el horno. Se hace entonces un trazado igual que antes.
El fin de esta operación es el de crear una pantalla óptica sin color para obtener esmaltes que no estén influenciados por la dominante rosa debida al cobre transparente.


Esmaltado - color


El material utilizado - esmaltes - se presenta en forma de arenas trabajadas siempre húmedas y conservadas en agua (para evitar el polvo). El instrumento de trabajo: la espátula.
Los diferentes colores de los esmaltes proceden de mezclas de óxidos metálicos que han sido molidos con los diferentes silicatos. Son estos diferentes óxidos metálicos los que formarán la paleta del esmaltador y condicionarán su trabajo tan especial porque:
- A 15 grados un esmalte se muestra con un color determinado, a 800 grados dará un giro y tomará su color definitivo, y esto necesita un cambio. 
- Cada color, para mostrarse en su esplendor, se meterá en el horno a una temperatura determinada. De esto resulta que hay que hacer varias cocciones partiendo de las temperaturas más elevadas y conocer bien su paleta para mezclar los únicos colores que se pueden mostrar translúcidos.
En cuanto a las flores y los paisajes, el cuadro ya está prácticamente terminado. 


Trabajo del blanco - La grisalla


En cuanto a las personas, comienza la parte más delicada. En efecto, en este estadio las caras, las manos, los encajes, etc. han sido tratados como el resto y se ven poco precisos. Los bordes son inciertos y al conjunto de la pieza le falta luz y matices.

Entonces se procederá al trabajo del blanco, técnica creada en el siglo XVI y que le dará al esmalte su finura. El material empleado (blanco de Limoges) es un esmalte triturado muy fino con aceites vegetales espesos, lo que lo convierte en una pasta blanca muy espesa. Los instrumentos: pincel de dos o tres pelos, brocha montada en mango de madera. En la lámina, con la ayuda de un pincel se pone un poco de esta pasta en la parte que se quiere aclarar. Esta pasta, muy espesa, no "sigue" al pincel y cada golpe de pincel se ve. Entonces, con una brocha se estira esta pasta haciendo así un verdadero modelado. Este trabajo es el que les dará a los esmaltes su finura y sus matices.
Cuando se ha cubierto así la lámina en los lugares deseados con la ayuda de esta película blanca extremadamente fina, se mete en el horno a 500 o 600 grados. El esmalte se vitrifica.
Observemos de paso que las temperaturas necesarias para fijar y hacer que se vitrifique ese blanco son muy inferiores a otras cocciones. Un exceso de calor destruye el trabajo del blanco que desaparece dejando solamente un residuo amarillo. Entonces se vuelve a empezar todas las veces que sea necesario para obtener el efecto deseado, renovando cada vez el trabajo de brocha.
Superponiendo estas capas se obtienen todos los matices deseados. Por lo general, se necesitan tres o cuatro capas de blanco, aunque la pieza sea muy pequeña. 

Las grisuras

se deja en esmalte negro la parte que se va a trabajar en blanco de Limoges. Se hace entonces el trabajo del blanco con la brocha; se necesitan dos, tres, cuatro, a veces cinco capas sucesivas pasando cada vez por el horno y por la vitrificación. El resultado obtenido es un gris degradado que "esculpe" así la superficie trabajada.  Es, con mucho, el trabajo más delicado en esta forma de técnica.


Esmaltes opacos

Los cocimientos en el horno preparatorios, los dibujos y las pinturas son los mismos, aunque no sea útil pintar la lámina sino simplemente hacer un dibujo al trazo.
El esmaltado se hace de una sola vez, dos como máximo, porque los colores cubren los anteriores. Por ejemplo, si se pone azul sobre rojo, se obtiene azul. El rojo se cubre totalmente, mientras que en el trabajo de los esmaltes translúcidos se obtiene un componente de dos colores (violeta en este caso).

A veces, se pueden volver a pintar los esmaltes opacos para atenuar la impresión de colores lisos. Las cocciones se realizan a temperaturas muy inferiores, ya sea a 400 o 500 grados.
Por supuesto, existen todo tipo de variantes que consisten en combinar esmaltes opacos, translúcidos, cocciones demasiado fuertes, cocciones demasiado suaves…

Este es el estadio en el que la técnica - necesaria, por supuesto - deja lugar a la imaginación